martes, 27 de marzo de 2007

Los gusanos de seda




Quien no ha tenido gusanos de seda:

Con tres etapas morfológicas distintas; las larvas, las ninfas y los adultos. De los huevos nacen las larvas que son como minúsculos gusanitos (con un tamaño de menos de 1 mm.) con un cuerno anal corto. Después de haber salido del huevo las larvas mudan cuatro veces durante su crecimiento. y crecen llegando a medir 4 o 5 cm.

Durante cada muda, la cáscara vieja se desecha y se produce una nueva que es más grande.

Hoy en día la polilla del gusano de seda sólo vive en la cautividad. Los gusanos de seda se han domesticado tanto que ya no pueden sobrevivir independientemente en la naturaleza, especialmente desde que perdieron la habilidad de volar.

Es muy recomendable que los niños observen el proceso biológico de la metamorfosis teniendo en casa gusanos de seda, viendo como nacen los pequeños gusanitos como crecen comiendo hojas de morera, como producen seda haciendo el laborioso capullo, como se transforma en una bonita mariposa y como esta se aparea produciendo nuevos huevos. Toda una lección de naturaleza de una mascota que come y gasta poco, no ensucia y necesita poco espacio y dedicación.

lunes, 19 de marzo de 2007

Ocho y medio (Nacho Vegas)


Miro al techo que hoy ha vuelto a gotear; hacía tiempo que no llovía así. Y cada gota golpeando contra los cacharros de metal me hace pensar unas veces en sangre y otras veces en ti. Lo que en realidad viene a ser lo mismo. Lo que, por crueldad, viene a dar igual. O puede ser un ángel que una vez perdió la fe y fue expulsado, y que ha venido a agonizar justo encima de mi hogar y estas gotas sean sus lágrimas. O puede que sea hora de entrar ya en razón y llegar a comprender que dentro de este horror no hay literatura, no, y eso tú lo sabes bien a fuerza de caer en una trampa mortal que en el tiempo dura ya ocho años y medio. Seré muy breve; te quiero, y esto duele.
Y vino un pájaro a posarse en mi ventana. Tenía una ala rota y su plumaje era gris y azul. Y al acercar mi mano y comprobar que no echaba a volar supe de inmediato que lo enviabas tú. Lo tomé entre mis garras y lo dejé morir, y cuando lo hizo aún llovía aquí. Y la sangre al gotear entre zarpas de animal presagió mi suerte, como una ave que voló de Madrid hacia Gijón aun herida de muerte, reescribiendo la espiral de prometer hacerlo bien, cometer un nuevo error, no saber pedir perdón o pedirlo demasiadas veces. Y aunque ahora escupo una oración helado de terror ningún dios responde aún. ¿Soy yo el que no ve o es que todavía no se hizo la luz? Seré muy breve; te extraño, y esto duele.
Y trato de encontrar una salida pero no recuerdo ni por dónde hemos entrado aquí. Y contemplo junto a mí el cadáver del que fui –según tú- en una ocasión, y es la mancha de humedad la de la herida mortal impregnada en el colchón, y ahora que te oigo llorar en lugar de ir hacia ti me vuelvo a anestesiar y me limito a subir el volumen del televisor, o me concentro en recordar, para no pensar en ti, que tendría que llamar y que alguien venga a reparar la gotera de una puta vez, que ya cansé de recoger litros de agua gris, gris como un metal que un día relució y hoy lo cubre suciedad. ¿Qué se hace para amar lo que quise despreciar ya una y mil veces? Seré muy breve; te he perdido, y esto duele.